El aprendizaje desde una perspectiva sociopsicopedagógica y el proceso de evaluación.

Dinorah J Reyes Bravo
El aprendizaje escolar constituye uno de los problemas que tanto en el plano teórico como práctico es objeto de atención en la actualidad, atendiendo a la trascendencia que tiene en la institución educativa y en el propio individuo, más cuando éste no logra alcanzar los objetivos propuestos, sin desechar que ellos tienen un significado para los propios aprendizajes de vida. La evaluación del aprendizaje escolar debe tomar en cuenta que el mismo no sólo depende del desarrollo biopsicológico del sujeto, sino también lo referente al marco social, lo cual permitirá realizar una adecuada intervención si conocemos los aspectos puntuales que se hallan débiles en el mismo.

Históricamente la tendencia que ha existido al evaluar el aprendizaje escolar ha sido la centralización del fracaso en el alumno, sin tener en cuenta que éste es producto de todas las interacciones antes referidas donde se involucran maestro-alumno, grupo-alumno, sin obviar que a este proceso cada uno lleva, le aporta todo lo que ha adquirido en su historia de crecimiento personal, socializándolo de forma latente en el grupo.

Este modelo que se presenta contempla los factores que intervienen en el proceso de aprendizaje: lo personal y lo social, lo biopsicológico, lo pedagógico y lo contextual, la estrecha relación entre todos estos componentes del proceso. De ahí que se plantea que es un modelo sociopsicopedagógico, siendo coherentes con lo expuesto anteriormente en relación con la conceptualización del aprendizaje.


Al evaluar al escolar con dificultades en el aprendizaje basándonos en todos estos componentes del proceso, podremos detectar dónde se generan las necesidades educativas especiales del escolar, lo que permitiría su adecuada intervención.

Ha sido la pedagogía tradicional la que siempre ha concebido al maestro al frente del proceso de enseñanza-aprendizaje como un transmisor de conocimientos, dueño del saber, cuando en realidad existe una interrelación docente-discente, porque siempre el maestro aprende (o debe aprender) del alumno. Esta concepción tradicional clasifica en dependencia de la asimilación de estos aprendizajes a los escolares, sin detenerse a evaluar cómo se da este proceso en el niño y cómo se desarrolla la enseñanza, misma que debe ser guiada y mediada por el docente, atendiendo aspectos como los ritmos y estilos que posee cada alumno para apropiarse de conocimientos.



En fin, que al referirnos al aprendizaje no podemos sólo concebirlo en el plano del individuo, sino tener en cuenta todos los factores externos que ejercen influencias en él para que esa adquisición de conocimientos, habilidades y destrezas se produzca de forma adecuada, que le permita incluso el establecimiento de nexos necesarios para que adquiera su verdadera significación.

Se valora actualmente, a partir de nuevas concepciones en torno al aprendizaje, el hecho de que la escuela siempre responsabiliza a los escolares de sus problemas para aprender, sin tener en cuenta que en el mismo, como proceso interactivo al fin, no sólo interviene el escolar, por lo que constituye un freno para la propia escuela el concebir el aprendizaje desde un solo plano (el individual) obviando otros factores importantes para el mismo. Tampoco se tiene en cuenta lo que el niño ya conoce y lo que puede hacer con ayuda de los otros, algo expuesto por el eminente psicólogo ruso L. S. Vigotski (Zona de Desarrollo Actual y Zona de Desarrollo Próximo)

Es necesario mover al alumno de esa zona de confort si queremos que en realidad se produzcan esos aprendizajes.





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