Nuevas necesidades docentes para educar en y para la diversidad.


Dinorah J. Reyes Bravo
Desde hace algunas décadas la educación, como un problema global, ha estado sometida a profundos cambios, en busca de lograr que la formación de las nuevas generaciones estén en correspondencia con el desarrollo social, científico y tecnológico de cada país. Esto ha llevado a la revisión de modelos educativos que han introducido nuevos términos en el quehacer pedagógico.
Entre estos términos se encuentran necesidades educativas, necesidades educativas especiales, atención a la diversidad., lo que ha modificado la dinámica en el ejercicio de la labor pedagógica.
Las necesidades educativas pueden expresar cambios que es necesario lograr en el alumno o en su entorno y que los mismos no han interiorizado, pero que constituyen condiciones para la consecución de los propósitos formativos del currículo escolar.
El concepto de necesidades educativas especiales subraya la naturaleza interactiva de las dificultades de aprendizaje, al analizarlo nos permite comprender que las dificultades no sólo se hallan en el alumno, sino también pueden estar dadas en las características del entorno educativo en el que se desenvuelve y/o en la respuesta educativa que se le ofrece, valorando además como el marco apropiado la misma escuela común y considerando como último recurso la escuela especial.
Hablar de diversidad implica pensar en la unidad. Tradicionalmente el docente ha trabajado para grupos homogéneos, sin considerar lo diverso en el mismo. Hoy pensamos en esa relación dialéctica unidad-diversidad.
La unidad está representada en el propio grupo escolar, el que constituye una unidad sociopsicológica condicionada por fines comunes, normas grupales, una determinada orientación valorativa que contribuyen a su coherencia como unidad que lo diferencia de otros grupos. Al mismo tiempo el grupo está constituido por un conjunto de niños con particularidades psicológicas diferentes, conformados por elementos disímiles, lo cual es denominado diversidad; desde esta diversidad cada uno de ellos constituyen una unidad psicológica integral que lo diferencia de los otros según su ritmo de aprendizaje, las estrategias que establecen, los estilos, de manera que el maestro se mueve constantemente en el marco de esta contradicción que, cuyo manejo adecuado, contribuye a su solución y a un aprendizaje desarrollador tanto para el grupo como para los escolares. He ahí la atención a la diversidad.
Esto ha traído consigo nuevos modelos de evaluación e intervención desde una perspectiva sociopsicopedagógica.
No obstante para poder brindar una adecuada atención a la diversidad escolar se precisa de cambios en nuestra práctica educativa, no podemos enfrentar un nuevo modelo con viejas costumbres, hábitos, modos y recursos de trabajo. Se necesita de algo más…
Se hace necesario un cambio de actitud.
·      Un clima de respeto y confianza.
Para enfrentar esta nueva concepción se hace necesario nuevas formas de vernos a nosotros mismos, implica preparar a la institución y preparar a los especialistas en la aceptación de nuevas ideas, propuestas, puntos de vistas y enfrentarlos de manera cooperativa, considerando los derechos de los demás. Significa crear un ambiente seguro, sin temor al ataque, un ambiente de participación en el que las personas se sientan cómodas.
·      La cooperación y la colaboración.
Trae consigo que los actores del proceso educativo se comprometan con los objetivos planteados en el proyecto educativo de la escuela, que participen con entusiasmo, que asuman la idea de que el éxito educativo es imposible sin un trabajo en común. La cooperación se constituye en un recurso que facilita darle cumplimiento al principio de la unidad en la diversidad.
La cooperación implica compartir objetivos, metodologías, normas, técnicas, en función del objetivo educativo.
Una actitud colaborativa en cada uno de los actores del proceso educativo lo hace capaz de integrar un equipo de trabajo, con plena conciencia de que la suma de las aportaciones particulares hacen un todo superior a la suma de las partes, poner en práctica actitudes de colaboración al interior de los equipos de trabajo, genera confianza y retroalimenta adecuadamente a los miembros del grupo docente.
Es preciso valorar la colaboración como herramienta para obtener resultados compartidos, solicitar ayuda a los demás miembros del equipo cuando se requiera, ofrecer colaboración a los demás, apoyar en las experiencias y habilidades de sus compañeros de trabajo para alcanzar los objetivos del equipo y ser capaz de complementarse con otros miembros del equipo cuando se realiza tareas compartidas.
·      Asertividad.
La comunicación es un factor importante para el buen desarrollo de este proceso. Ella permite dar a conocer las necesidades, tanto de cada uno de nosotros como profesionales de la educación como las del proceso que enfrentamos, solicitar ayuda, ofrecer apoyo, expresar sentimientos, solucionar conflictos. Mucho más dentro del equipo multidisciplinario especializado.
Pero, ¿estamos siempre dispuestos a escuchar y respetar los criterios y sentimientos de las otras personas?
Nos comunicamos efectivamente cuando logramos crear un clima de confianza y respeto mutuo, hacemos valer nuestros derechos cuando decimos lo que necesitamos, creemos, sentimos y pensamos de una manera clara, directa, sin agredir a los demás, en una forma constructiva.
Un comportamiento asertivo ayuda a respetar y comprender las diferencias, contribuye además a nuestro crecimiento personal y grupal, redunda asimismo en la eficiencia del proceso educativo.
La asertividad se expresa en los siguientes aspectos:
1.    Ser honesto.
2.    Ser directo.
3.    Ser oportuno.
4.    Respetar a los demás.
5.    Tener control emocional.
6.    Adecuada expresión no verbal de los mensajes.
·      El diálogo en función del objetivo.
Para lograr el objetivo educativo que nos conduce a atender las necesidades educativas, especiales o no, que connotan la diversidad escolar es necesario en todo momento el diálogo. Esta relación dialógica debe ser un recurso que prime en la relación entre los profesionales, en la relación maestro-alumno donde cobra una importancia especial y relevante pues pone al alumno en situación de aprender a comunicarse con el maestro, con los compañeros, dentro y fuera del aula, o sea hace transferencia a su vida cotidiana. El diálogo ayuda al niño a la formación ciudadana, ya que ello genera respeto y consideración hacia los demás, sea cual sea el ámbito de interacción.
·      Una actitud receptiva.
Está destinado a la apertura ante el cambio, la transformación, hacia la asunción de una cultura de cambio. Responde a la necesidad de transformar estilos, estrategias didácticas, en función del alumno. En este contexto cobra esencial importancia la creatividad pedagógica.
El ser receptivos implica saber escuchar, observar, atender lo humano, no dejar pasar inadvertida cuestiones que saltan a la vista, saber interpretar lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.
La receptividad conduce al profesional de la educación hacia la creación de nuevos proyectos educativos, nuevas alternativas.
·      La creatividad pedagógica.
Es necesario para ello asumir actitudes flexibles, novedosas, originales. Ella adelanta al profesional hacia la asunción de riesgos, teniendo claro que lo más importante es lograr aprendizajes eficientes en el educando, que todo lo que se haga en función de esto tiene que estar alejado de la rigidez, la estereotipia, porque cada sujeto necesita una atención diferenciada. Sólo a través de la creatividad se puede atender la diversidad.
La creatividad trae consigo meditar y repensar las estrategias que se están llevando a cabo, los recursos y materiales didácticos en los que nos apoyamos, las actitudes psicoeducativas que asumimos ante el proceso.
·      El trabajo en equipo.
En la actualidad los descubrimientos más importantes y soluciones a problemas relevantes no se hacen por un solo individuo, sino que son fruto de un trabajo mancomunado de todo un equipo de científicos. En el campo de la Educación se hace mucho más necesario, puesto que los paradigmas actuales son muy controvertidos y se requiere por tanto de todo un equipo de profesionales que bajo un clima de intercambio y colaboración se apresten a hallar solución a los problemas educativos en general y en particular a la atención a la diversidad, lo que presupone la satisfacción de las necesidades educativas especiales.
Esto requiere de una planificación sistemática de todo el sistema, el que debe estar elaborado de manera que cristalice a través del trabajo en equipo, ello demanda el intercambio sistemático de los logros, potencialidades, deficiencias y amenazas en el proceso, para lo que se trazarán nuevas acciones que posibilite el logro del objetivo.
Es necesario el trabajo en equipo como una relación compartida de actitudes, responsabilidades y de compromiso para logros y resultados exitosos.
Entre sus características básicas está la tolerancia, que conduce a desarrollar la capacidad para aceptar la diferencia de opiniones, actitudes, a admitir a los otros cual son.
Para finalizar:
La atención a la diversidad escolar presupone un trabajo cohesionado, tanto por los especialistas educativos como por el personal docente. Pero es preciso que el grupo de especialistas esté lo suficientemente preparado para asumir la conducción del proceso de satisfacción de estas necesidades. Ellos son los encargados de orientar y ejecutar las acciones requeridas para el logro de este objetivo, por tanto demandan de la constante preparación para la asunción del rol que les corresponde y las actitudes que favorecerán la meta a alcanzar.




Consideraciones en torno a las necesidades educativas especiales.

Dinorah J. Reyes Bravo
En las instituciones educativas de la educación regular, existen niños que por determinadas situaciones se les dificulta lograr los propósitos del currículo escolar. El maestro en su quehacer pedagógico, aún persevera en los viejos esquemas de la práctica educativa, categorizando a estos escolares por sus rendimientos o déficit.
La escuela tradicionalmente ha tenido al alumno en el centro de sus problemas de aprendizaje, lo ha responsabilizado con sus dificultades, etiquetándolo por esta causa como incapaz, deficiente, retardado o retrasado, entre otras cosas. Los nueva Pedagogía propone una escuela diferente, la que debe asumir el fracaso en el aprendizaje de sus alumnos. El visualizarlo de la manera actual, resulta éste de la competencia de maestros, directivos y especialistas de la institución escolar, como parte de los servicios educacionales que brinda la entidad.
Fue necesario en un momento cambiar la perspectiva con la que se contemplaba el déficit, había que traducirlo en necesidades educativas, o sea, toda la dinámica que sigue el proceso de aprender: qué, cómo, tiempos, recursos, formas para organizar el proceso, así como la evaluación de ese aprendizaje.
Una nueva definición: Necesidades Educativas Especiales.
El éxito o fracaso escolar se ha asociado al aprender, qué tanto el niño es capaz de enfrentarse a este proceso y en los resultados es que se contemplan los logros o reveses en al ámbito escolar.
Para ello se consideró el aspecto biológico como algo importante y con incidencias en el desarrollo psicológico, una anormalidad en tal sentido resultaba suficiente para poder proclamar su imposibilidad de aprender, una anomalía física (ausencia de un miembro), una enfermedad (epilepsia), trastorno neuromotor (parálisis cerebral infantil), malformaciones congénitas (labio leporino) y así sucesivamente podríamos ir denominando otras alteraciones que no implican deficiencias en la actividad intelectual del sujeto. Por otra parte la errada concepción de inteligencia, la que fue considerada en tiempos atrás como algo heredado –padres inteligentes, hijos inteligentes, o lo opuesto-, la aplicación de pruebas estandarizadas para medir la inteligencia (de las que no tengo nada en contra, sólo la forma en que es comprendida la misma),  se han interpretado fríamente los números en calidad de qué tan inteligentes podemos ser, sin tener en cuenta que se sabe lo que se nos enseña, que somos producto de un sistema de relaciones en los diferentes contextos sociales en los que interactuamos.
Debemos de ser coherentes, si consideramos que somos seres bio-psico-sociales no podemos dejar de tener en cuenta que somos parte de un grupo social de origen (la familia) y que a través de nuestra vida vamos atravesando por otros grupos (escuela, grupos de amigos, la comunidad, etc) que van aportando a nuestras experiencias, nuestros aprendizajes, que no son sólo los académicos, sino también esos aprendizajes de vida, tan importantes para una convivencia armónica y de calidad.
El aprendizaje Vigotsky lo concibió como un proceso social, interactivo, considerando que el aspecto biológico no es la base fundamental del mismo, sino que como producto del desarrollo histórico del hombre como ser social éste acontece como parte de una interacción y colaboración con su medio circundante, de ahí que él plantee que primeramente el aprendizaje se da como una categoría interpsicológica (en su interacción con los otros) y luego como una categoría intrapsicológica al internalizar, personalizar lo aprendido en su medio.
La Dra. Moncada (1997) a partir de diversos análisis de las diferentes concepciones sobre el aprendizaje y tomando como referente principal la escuela histórico-cultural expone…“El aprendizaje es un proceso dialéctico (individual o grupal) de enriquecimiento personal y social permanente que permite la transformación o adquisición de contenidos, en correspondencia con el desarrollo biológico, social y psicológico del sujeto que interactúa en diferentes espacios y tiempos, que conlleva de forma integral y coherente a nuevos modos de sentir, pensar y hacer”.
Ambas definiciones no dejan de lado lo personal en este proceso, pero sí le otorgan una marcada significación al factor social. Todos podemos aprender, con diferentes ritmos, estilos, diversas capacidades que tienen su trasfondo en ese sistema de influencias sociales que ha recibido el individuo.
Pero, ya se quedó atrás, conjuntamente con esas viejas concepciones en torno al aprendizaje, las categorías diagnósticas que marcaban a los que se les dificultaba aprender. Todos necesitamos aprender, por tanto se hablan de necesidades educativas.
Esta nueva concepción implica esclarecer en qué consisten las mismas.
M. L. Nieves (1995) considera las necesidades educativas como un concepto que expresa las transformaciones o cambios que deben y pueden producirse en los modos de actuación de los contextos educativos (incluido el alumno), para garantizar que el sistema de relaciones que entre ellos se establece y desarrolla, permita la consecución, por el alumno, de los propósitos formativos (instructivos y educativos).
Estas necesidades cuando dejan de ser comunes para todos porque al alumno se le dificulta acceder al aprendizaje de los contenidos del currículo escolar correspondiente a su edad, por disímiles causas, que pueden ser internas (biológicas y/o psicológicas), por dificultades o carencias en el contexto sociofamiliar o bien por una historia de aprendizaje desajustada, necesitando para compensar las mismas adaptaciones de acceso y/o adaptaciones curriculares significativas en varias áreas de dicho currículo, podemos decir entonces que estamos en presencia de necesidades educativas especiales.
Qué caracteriza esta definición?
ð  Corresponde a un grupo de alumnos.
ð  Es un término relativo y contextual.
ð  Hace referencia a los problemas de aprendizaje que presentan los escolares en las aulas
ð  Supone de recursos extras para su satisfacción.
Este término nos permite contemplar el carácter interactivo de las mismas, ya que además de las dificultades que tienen un origen biológico, por déficits correspondientes al organismo, éstas pueden ser generadas en los diferentes contextos donde interactúa el escolar, por lo que se requiere de un exhaustivo proceso de evaluación.
Al tener esta perspectiva de las dificultades para aprender responsabiliza al docente con el aprendizaje de sus alumnos, pues debe de poner en práctica todos los recursos necesarios para ello, tomando en cuenta materiales, métodos, tiempos en función de lograr los objetivos. Ya cuando se precisa de apoyos extras para dar solución a las dificultades, tenemos criterio para pensar que estamos en presencia de necesidades educativas especiales.
Dentro de los variados recursos que debe de proveerse para reducir o atender dichas necesidades, se requiere de docentes preparados, con conocimientos acerca de la especialidad, además de los profesionales capacitados en la atención a estas dificultades que permitan colaborar en equipo para que estos escolares puedan acceder a los aprendizajes del  currículo escolar.
Evaluar las Necesidades Educativas Especiales.
Para lograr una adecuada atención a estos alumnos, es sumamente importante su detección y adecuada valoración desde una perspectiva sociopsicopedagógica, si tenemos en cuenta los elementos que conforman esta conceptualización. Una detección oportuna favorecería la adecuada superación de estas dificultades por la satisfacción de sus necesidades educativas especiales, lo que demanda de un proceso de evaluación atendiendo los diferentes entornos donde interactúa el escolar además del propio niño.
Esta evaluación ya no se limitaría a la realización de todo un inventario de limitaciones y deficiencias de estos menores, es un proceso de carácter sistemático, sistémico, interactivo y contextualizado. Está encaminado a establecer relación causa-efecto, buscando el origen de las dificultades, cómo han influido en ellas los diferentes contextos educativos: escuela-familia-sociedad, además de las potencialidades de desarrollo.
Por esta razón, independientemente de que tomemos en cuenta su desarrollo físico, intelectual, comunicativo-lingüístico y su adaptación e inserción social, es importante contar con:
·      Las condiciones ambientales de su entorno escolar,
·      La relación maestro-alumno, alumno-grupo,
·      Si se tienen en cuenta sus particularidades en el proceso de enseñanza,
·      Existencia en la escuela de los servicios de apoyo especializados
·      Si el escolar recibe éstos, etc.
En el contexto sociofamiliar es preciso conocer:
·      El grado de autonomía del niño,
·      La interacción que establece con los distintos miembros de su grupo familiar,
·      El conocimiento que poseen ellos sobre las particularidades del menor,
·      Cómo ellos colaboran con el proceso docente-educativo, entre otras.
De la comunidad es preciso tener en cuenta
·      Recursos existentes en ella en relación con las necesidades del alumno
·      Si el niño hace uso de ellos (servicios médicos, instalaciones deportivas, centros culturales, recreativos, etc.),
·      Las relaciones que establece la comunidad con la familia del niño y con él,
·      Conducta moral de la barriada
·      Influencias que ejerce ésta sobre el escolar, etc.
Resulta importante tener en cuenta que este concepto de necesidades educativas especiales subraya la naturaleza interactiva de las dificultades de aprendizaje (si tomamos en cuenta el carácter interactivo del aprendizaje), al analizarlo nos permite comprender que las dificultades no sólo se hallan en el alumno, sino también pueden estar dadas en las características del entorno educativo en el que se desenvuelve y/o en la respuesta educativa que se le ofrece, valorando además como el marco apropiado la misma escuela común y considerando como último recurso la escuela especial. También este criterio ha favorecido centrar la atención en las verdaderas potencialidades de los escolares, dejando de etiquetarlos, estigmatizarlos, poner la mirada en supuestas limitaciones que no puede superar.
Este mismo carácter interactivo de las necesidades educativas especiales ha llevado a darle otro carácter al proceso de evaluación-intervención, el que tampoco entonces se centra exclusivamente en el escolar, sino también en el amplio contexto donde desarrolla su proceso de aprendizaje, de lo que se desprende la necesidad del seguimiento al proceso de enseñanza-aprendizaje, traducido en su evaluación continua dentro del propio ámbito educativo, por lo que los docentes no sólo atienden las deficiencias del escolar, sino que también contemplan las acciones educativas a desarrollar con los diferentes contextos donde se desenvuelve el menor. De ahí la necesidad de realizar un proceso evaluativo donde nos permita desentrañar las causas de las dificultades, atendiendo la situación educativa en la que se encuentra inmerso el escolar.
Resumiendo…
Esta concepción de traducir las dificultades en necesidades exige de un cambio en nuestra visión en relación al aprendizaje. Todos podemos aprender, es algo innegable, lo que no todos lo hacemos bajo las mismas condiciones ni con los mismos criterios.




Algunas sugerencias en la atención a las Necesidades Educativas Especiales.


Dinorah J. Reyes Bravo.

El niño en ese proceso de crecimiento, -no haciendo referencia al físico, sino a ese crecimiento como ser social- recibe grandes influencias de la familia, de la escuela y de la sociedad, esta última vista desde lo microsocial (la comunidad) y desde lo macro (la misma sociedad en sí). Todos ellos en estrecha relación y aportando en la educación del futuro ciudadano.
Algunos de nuestros escolares sin embargo, encuentran obstáculos en ese proceso de crecimiento, en el aprendizaje, visto desde lo curricular y que en definitiva se constituyen en aprendizajes de vida, si tenemos en cuenta que esos conocimientos que el niño adquiere resultan necesarios para vivir en sociedad: habilidades motrices, habilidades afectivas, habilidades de pensamiento, comunicarse, el conjunto de actitudes y valores correspondientes a cada grupo social que permiten vivir en armonía.
El maestro de la escuela regular en ocasiones precisa de la colaboración de los especialistas de educación especial, quienes llevan a cabo, como parte de sus funciones, la evaluación psicopedagógica –otro proceso más dentro de esa cadena de procesos que se constituyen dentro de la educación- para determinar si ese escolar presenta necesidades educativas especiales.
Todos los escolares son objeto y sujetos de la educación, por tanto todos tienen necesidades educativas que satisfacer como seres sociales. Ahora bien, estas necesidades cuando dejan de ser comunes para todos porque al alumno se le dificulta acceder al aprendizaje de los contenidos del currículo escolar correspondiente a su edad, por disímiles causas, las que pueden ser internas (de origen biológico y/o psicológico), por dificultades o carencias en el contexto sociofamiliar o bien por una historia de aprendizaje desajustada, demandando para compensar las mismas adaptaciones de acceso y/o adaptaciones curriculares significativas en varias áreas de dicho currículo, podemos decir entonces que estamos en presencia de necesidades educativas especiales.
Este concepto apunta a que las dificultades no pueden ser vistas solamente en el propio alumno, sino como causa de ese sistema de interacciones que se establecen con los diferentes contextos, que puede resultar deficitario en lo que le aporta al escolar, se producen carencias en su desarrollo desde el punto de vista psicopedagógico. El término se centra en los problemas que presentan los escolares para aprender y pueden ser múltiples causas las que incidan en ello.
Una evaluación psicopedagógica adecuada permite caracterizar al niño que evaluamos y definir sus necesidades educativas especiales, así como el carácter de las mismas (transitorias o permanentes). De ello depende el diseño de la intervención que realicemos. Esta tiene que estar encaminada no sólo al alumno, sino también a los contextos con los que él interactúa: escolar, familiar y comunitario. He aquí donde se pone de manifiesto otra de nuestras funciones como especialistas de educación especial, la orientación.
No podemos pensar que con el sólo accionar nuestro con el menor, vamos a satisfacer plenamente sus necesidades educativas especiales. Todos los actores educativos tienen que estar implicados en este proceso de intervención y no puede recaer solamente en un especialista o equipo multidisciplinario la responsabilidad de la satisfacción de dichas necesidades. De ahí nuestro papel como orientadores.
La intervención debe de ser integral, aprovecharse al máximo todas las potencialidades que ofrecen todas y cada una de las acciones que se llevarán a cabo. No nos podemos abocar exclusivamente al trabajo en los aprendizajes del currículo sin tener en cuenta qué ha estado obstaculizando el mismo. Insistimos en la necesidad de tener en cuenta algunas cuestiones que son importantes orientar para un buen trabajo con el escolar, tanto al maestro como a la familia.
A continuación señalamos una serie de recomendaciones que suelen brindarse a la escuela y a la familia para el trabajo con estos escolares, con la finalidad de satisfacer dichas necesidades.
Para el maestro:
  • Establecer una relación afectiva con el menor que permita profundizar en el conocimiento de sus particularidades individuales, tanto desde el punto de vista afectivo-emocional como de los procesos que permiten el acceso al conocimiento, lo que propiciará estructurar acciones de trabajo para satisfacer sus necesidades así como crear un compromiso a través de esta relación para su aprendizaje.
  • Fomentar una comunicación maestro-alumno y alumno-grupo adecuada que permita la potenciación de aspectos de la personalidad como la autoestima y la autodeterminación, tan importantes en el proceso de aprendizaje.
  • Favorecer el desarrollo de un clima emocional agradable dentro del grupo, ello coadyuvará en el transcurso de un buen proceso de aprendizaje de los escolares.
  • Evitar en la comunicación con el alumno las etiquetas negativas tan contraproducentes en el desarrollo de la personalidad, atentan contra el desarrollo de la autoestima y las motivaciones del escolar, así como su autovaloración. Esto también favorece al distanciamiento en la relación maestro-alumno, la que debe fluir adecuadamente ya que resulta imprescindible en el proceso de aprendizaje.
  • Hacer uso de las posibilidades que brindan los programas de estudio de cada grado para el entrenamiento de los procesos intelectuales. Debe revisar las actividades del libro de texto para realizar una adecuada selección de las mismas atendiendo a las necesidades de sus alumnos.
  • Fomentar la autoevaluación en el escolar para que aprenda a evaluar sus resultados y a sí mismo en el proceso, punto de partida para el impulso de nuevas metas de aprendizaje, el perfeccionamiento de su actividad y la búsqueda de nuevas estrategias.
  • Estimular sus logros y actitudes positivas por insignificantes que sean, lo que contribuirá al reforzamiento de una identidad positiva, favorecerá el desarrollo de su seguridad y confianza en sí mismo, así como su autoestima, además de sus motivaciones e intereses.
  • Desarrollar buen vínculo escuela-familia, comunicándole a los padres la evolución del menor en la escuela y orientándoles la forma en que pueden contribuir con sus avances escolares. Establecer mecanismos de retroalimentación.
  • Atendiendo a la significación del lenguaje en el proceso de aprendizaje del escolar es recomendable realizar actividades que favorezcan el desarrollo del vocabulario, tales como narraciones de experiencias, cuentos, observaciones de láminas, diálogos sobre actividades realizadas, que permitan la inclusión de nuevos vocablos en su lenguaje, una mejor coherencia y lógica en su expresión, así como un pensamiento estructurado. Es importante señalar que esto coadyuva al desarrollo del pensamiento.
Para los padres:
  • Organizar un horario de vida al niño, de forma tal que le permita el desarrollo de hábitos y a su vez contribuirá a la estructuración de su pensamiento.
  • Disponer de un espacio en el hogar para el estudio del menor, con un mínimo de condiciones para la realización de sus tareas: organizado, sin distractores, tranquilo, que propicie el óptimo cumplimiento de las mismas.
  • Establecer una adecuada comunicación con el menor, preocupándose por sus actividades del día, por sus estados emocionales, sus amistades, de forma tal que sienta confianza en sus padres y se sienta apoyado. Esto es importante porque le da seguridad al niño.
  • Asignarle responsabilidades en el hogar acorde a su edad, para que contribuya con su independencia y la colaboración. Esto se verá reflejado en la escuela y en su comportamiento en general.
  • Resulta necesario un acercamiento a la escuela con el objetivo de orientarse en la mejor manera en que pueden ayudar a su hijo en el aprendizaje.
Finalmente…
Estas son algunas sugerencias de carácter generalizado que suelen brindarse a maestros y padres de escolares que se someten a la atención psicopedagógica, pero es importante que se particularicen atendiendo a las características de cada caso.




Cómo aprestamos al niño para la adquisición de la lectoescritura


Dinorah J. Reyes Bravo.

El aprendizaje de la lectura como un proceso gradual, lleva en sí factores que intervinen en el mismo, entre los que existe una relación dialéctica que no resta a ninguno su importancia.
Pero para aprender a leer y escribir es preciso que el niño se encuentre maduro. Qué significa esto?
Se define madurez para el aprendizaje escolar como "… la capacidad que aparece en el niño (a) de apropiarse de los valores culturales tradicionales junto con los otros niños de su edad, mediante un trabajo sistemático y metódico" (Remplein, 1966).
La madurez se refiere básicamente a la posibilidad que el niño, en el momento de ingreso al sistema escolar posea un nivel de desarrollo físico, psíquico y social que le permita enfrentar adecuadamente dicha situación y sus correspondientes exigencias. Estos niveles son importantes de desarrollar en el niño para que pueda acceder a los cambios sin problema alguno y así lograr la adaptación a situaciones nuevas.
Para la maduración de los niveles del desarrollo intervienen dos factores básicamente, los internos y los externos; tales como:
F   las maduraciones fisiológicas, anatómicas, nutricionales,
F   la estimulación,
F  la cognición,
F   la afectividad y
F  otras.
Entre los factores específicos que influyen en la madurez escolar, encontramos:
   Género.
   Edad cronológica.
   Salud (incluyendo alimentación).
   Estimulación psicosocial: determinado nivel de información y experiencias, estimulación-sensorial, psicomotriz, comunicación verbal, atmósfera emocional adecuada.
   Factor intelectual.
Es válido destacar la diferencia entre edad madurativa, que es la que nos indica el estado evolutivo del niño en función de su edad cronológica y el desenvolvimiento de sus habilidades cognitivas, emocionales y neurológicas; y la madurez para el aprendizaje, la cual nos indica el nivel en cuanto a calidad y ritmo de aprendizaje según la graduación escolar de ciclos, ubicando al niño en un nivel independiente de su edad cronológica, se le conoce también como nivel de competencia curricular; lo anterior se da cuando un estudiante está en un nivel educativo, pero su madurez para el aprendizaje se ubica en un nivel inferior o superior al que se encuentra, de ahí la independencia o separación entre la edad cronológica y la edad madurativa.
Se debe tener presente que la edad cronológica es la edad que tiene el niño (a) es decir, su tiempo vivido; mientras que la edad madurativa es la edad a la que equivale su nivel cognitivo. De aquí la importancia de que los niños y las niñas posean las bases mínimas que indican su maduración y equilibrio para los procesos de enseñanza y aprendizaje, puesto que tener 5, 6, o 7 años de edad cronológica, no representan ninguna garantía para el docente y/o padres de familia.
Un desarrollo insuficiente en ciertas funciones dará como resultado una disarmonía cognitiva subyacente al fracaso escolar. Es válido destacar que estas disarmonías cognitivas se correlacionan con el fracaso en la adquisición de los primeros aprendizajes e influyen en la relación que el niño establece con el centro educativo, con el hogar y con su grupo de pares (iguales). Es a lo que se denomina inmadurez.
Existen tres clases de inmadurez:
  Inmadurez neurológica.
  Inmadurez emocional.
  Inmadurez psicomotora.
Inmadurez neurológica: Detectada mediante un electroencefalograma, el trazado es anormal, lo que indica que el niño posee una actividad bioeléctrica que se halla en un estadio todavía inestable o retrasado con respecto a la media. Se atribuye a una alteración del proceso de maduración acompañado de irritabilidad, pero sin influir en la inteligencia.
Inmadurez emocional: Es una no maduración de la inhibición de reacciones emocionales. El niño inmaduro responde a cada situación con valores afectivos propios y constituye una manera de adaptación al medio que no responde a los parámetros esperados para la edad.
Inmadurez psicomotora: Es la que aparece en el marco del desarrollo psicosocial. Esta se da en tres espectros:
F  Leve: Perturbación leve de un área, tiene un pronóstico muy bueno.
F  Media: Perturbaciones o bloqueos temporales en una o más áreas, su pronóstico es de evolución y recuperación lenta.
F  Severa: Disarmonía generalizada que produce retraso en varias áreas, se generaliza por un pronóstico de recuperación constante.
Algunos de los componentes de la psicomotricidad son:
q  Tono muscular.
q  Equilibrio: integración senso-perceptivo-motriz (espacialidad y temporalidad)
q  Lateralidad.
q  Conciencia corporal: sus 3 componentes y coordinación óculo-manual.
Qué necesita el niño para leer….?
Se conjugan para ello diferentes factores, entre los que se encuentran los fisiológicos, los intelectuales, emocionales y los relacionados con el entorno.
Factores fisiológicos
En el hemisferio izquierdo del cerebro existen zonas que controlan la función del lenguaje, el que tiene su implicación en la lectura.
La correcta lateralidad y/o una preferencia significativa por el uso de uno de los lados; numerosos estudios han demostrado que las dificultades en la lectura aparecen más frecuentemente en los niños que presentan inseguridad en la orientación o arbitrariedad en cuanto a los movimientos oculares de rastreo, debido a una indiferenciación hemisférica cerebral. En esta situación, ambos hemisferios se interfieren e impiden construir un esquema unívoco de abordar el análisis de las relaciones espaciales y la direccionalidad de los movimientos.
La visión, conjuntamente con la audición, están también comprometidas en el acto lector. Los defectos visuales, así como las hipoacusias, pueden condicionar el aprendizaje de la lectura. Parece que en general, y respecto a la visión, hay poca relación entre los defectos visuales y la capacidad de leer, únicamente tienen cierta incidencia la falta de agudeza visual para ver de cerca y el equilibrio muscular deficiente en el ojo.
Durante el acto lector los movimientos oculares son discontinuos e irregulares. Las impresiones visuales llegan al cerebro en los momentos de pausa, cuando la imagen se detiene en la retina. Los ojos efectúan de cuatro a diez pausas a lo largo de una línea de longitudes normal.
Consecuentemente e independientemente de la incidencia de defectos visuales en el aprendizaje de la lectura, existe un factor de madurez ocular relacionado con el tono muscular y la automatización de los «barridos oculares», ya que no se lee letra por letra, sino por una percepción global, sincrética, que recae sobre los primeros signos y sobre la primera mitad de las palabras.
La discriminación auditiva o desarrollo de la capacidad fonemática. Ello permite la adecuada diferenciación de los sonidos del idioma.
La adquisición de un buen esquema corporal y la consecuente orientación en el espacio  es condición para un buen aprendizaje de la lectura.
El niño debe haber superado el estadio de referencia al propio cuerpo y ser capaz de orientar objetos entre sí adquiriendo la noción de relatividad en la posición de éstos. Corresponde esta situación a una correcta organización perceptiva-motora como base de las estructuras témporo-espaciales. El aspecto temporal de estas estructuras viene dado por las percepciones visuales.
Existe una evidente implicación de la psicomotricidad ya que el insuficiente desarrollo psicomotor afecta a las condiciones necesarias para una madurez aceptable.
Factores intelectuales
Incluye el desarrollo de capacidades de comprensión, interpretación, conceptualización, resolución de problemas y razonamiento.
Desde el punto de vista cognitivo requiere del desarrollo de todos los procesos de esta esfera:
ü   pensamiento
ü   memoria
ü   Imaginación
ü   atención, etc.
Factores emocionales.
Algunos estilos educativos en padres y maestros pueden ocasionar dificultades emocionales en el proceso de aprendizaje al enfrentar la lectoescritura:
           Actitudes de desatención, abandono o minimización del valor que para padres y maestros tenga el conseguir o no que “él” aprenda a leer.
           Carencia de vivencias o privación de éstas por padres que no le ofertaron al niño con relación al disfrute de historias leídas y manipulación de libros con historias ilustradas.
Qué deben de brindar tanto padres y maestros en tal sentido?
  Apoyo, seguridad.
  Confianza en sí mismo.
  Propiciar su independencia.
  Brindar afectos positivos y lograr emociones positivas por el aprendizaje, no ser permisivos.
  Una buena comunicación, asertiva.
  Reconocer sus logros.
  Llevarlo al reconocimiento de sus errores, no satanizarlo por ellos, son parte del proceso de aprendizaje.
En algunas ocasiones aparecen señales que hacen pensar en trastornos emocionales o de la personalidad. Difícil es discernir cuándo éstos son causa o consecuencia de la dificultad de aprendizaje. Los signos de alerta que aparecen frecuentemente en los niños que se enfrentan a la lectoescritura, son los siguientes:
          Timidez, (egocentrismo, reacciones de frustración, ruborización, reacciones de inferioridad).
           Enajenación.
          Negativismo emocional (llanto o reacciones psicosomáticas como dolores de cabeza, reacciones vagales, vómitos, otras)
          Reacciones de bloqueo oral o motor “shock psicológico” en el momento de participar, que no ocurre cuando lo hace voluntaria y espontáneamente si piensa que nadie le está mirando.
           Indiferencia (holgazán, desatento, rechazo abierto)
           Nerviosismo. (Onicofagia, sudoraciones, hiperactividad, tartamudeo).
Factores ambientales
El ambiente que rodea al niño influye en el grado de madurez para la lectura, puesto que las vivencias previas y actuales darán o no significado a los símbolos impresos. Importante aquí es el conocimiento del ambiente familiar y comunitario y la consciente acomodación de las condiciones ambientales en cada uno de los medios (hogar, escuela y comunidad).
Cuáles son las áreas en las que se debe de enfatizar el trabajo para el desarrollo de las habilidades necesarias para el aprendizaje de la lectoescritura?
Es preciso tener claro esto para brindar una adecuada atención a estas áreas. El tratamiento específico de las alteraciones madurativas se debe enfocar mayoritariamente en las áreas del desarrollo:
E  Coordinación visomotora.
E  Memoria inmediata.
E  Memoria motora.
E  Memoria auditiva.
E  Memoria lógica.       
E  Pronunciación (expresión oral y discriminación auditiva).         
E  Coordinación motora.
E  Atención.
E  Fatigabilidad.
E  Capacidad fonemática.
Qué actividades se pueden desarrollar en tal sentido?
Copia de figuras, trazos.
Recortado entre líneas, de trazos, de figuras, etc.
Trazos de rasgos.
Rasgado, modelado.
Ensarte de cuentas.
Recordar serie de palabras (5, 7, 9)
Nombrar los objetos observados en una lámina después de 30 segundos y ocultar la misma. (5, 7, 9)
Repetir trazos en el aire que han sido demostrados y copiarlos en el papel.
Repetir cuentos cortos, responder preguntas sobre ellos.
Repetir palabras para que las pronuncie correctamente.
Identificar sonidos de instrumentos musicales, número de toques, etc.
Describir láminas, se pueden apoyar con preguntas.
Tachado de letras a partir de un modelo o la figura que resulte diferente en un conjunto aparentemente semejantes.
Hallar diferencias en láminas  semejantes.

En fin…
Se pueden desarrollar un sinnúmero de actividades que contribuyen a la maduración del niño para que se enfrente al aprendizaje de la lectoescritura con éxito.
No se puede obviar la importancia de los factores emocionales y ambientales, los que también precisan ser atendidos cuidadosamente.




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